¡Y que llego en la cajuela de un coche a Santa Rosa Xochiac!
Sí, así como lo están leyendo, llegué al área de reforestación dentro de la cajuela de un coche, y es que no sería yo, si el trayecto no estuviese cargado de anécdotas. Aquí les comparto la crónica de cómo estuvo mi día, dentro del bosque del Parque Cultural y Recreativo Desierto de Los Leones, donde caminé desorientada y al mismo tiempo feliz entre los árboles, sin señal de celular y sin ningún otro dispositivo a la mano que me sirviera para contactar a lxs organizadores y ayudarme a ubicarme, pero eso sí, con mi más firme determinación de llegar al área de las actividades.
Les cuento que se me hizo tarde y no logré llegar a tiempo, al punto de partida de las unidades de transporte facilitadas por la Alcaldía Álvaro Obregón y por ello se me hizo muy sencillo, decir que yo llegaría por mi cuenta y que esperaba no perderme. Con mochila en mano, tomé un transporte público que me llevó desde San Ángel, hasta la terminal de Santa Rosa, por tan sólo 8 pesitos. Allí el buscador señalaba un recorrido a pie de 20 minutos, que para su servidora no eran nada, pero que se convirtieron en 3 horas, al perderme y desorientarme. Cada persona a la que le pedía orientación, me miraba con cierto asombro, por mi evidente desubicación, asegurando que mi destino estaba muy lejos, pero lo cierto es que, simplemente era caminar todo “derecho” sobre la carretera del Desierto de Los Leones, buscando el número 7368, que nunca apareció.
Cuando por fin logré dar con la entrada al parque donde ya habían ingresado los voluntarios y participantes que llegaron en los camiones que no alcancé a tomar, me topé con otras personas que estaban igual de desorientadas que yo. Caminé por poco más de 30 minutos totalmente sola. En el camino me alcanzaron la muy amable Doña Paty y su nietecito, quienes se convirtieron en mis compañeros de aventura. Caminamos juntos y nos perdimos juntos, al cometer el error de salirnos del parque, buscando algún ser humano hablante y pensante, que nos pudiese orientar, pero caminamos hacia donde no era.
Muy amablemente un simpático joven residente, nos llevó en su combi un poco más adelante, pero con el infortunio de accidentarnos, su linda camioneta amarilla se descompuso al dar la vuelta en una subida, así que tuvimos que bajarnos a empujarla y seguir solos caminando por una calle cuyo nombre ni recuerdo y por donde solo circulan coches de los mismos vecinos, quienes tampoco sabían nada acerca de la reforestación, pero en verdad teníamos la fe puesta en que sí íbamos “bien”, por haber visto dos letreros que señalaban con una flecha, hacia donde era la 6ta jornada de reforestación.

De repente, apareció un coche con una familia que saludó a Doña Paty y nos ofrecieron un aventón, y pues como el coche ya venía lleno con toda la familia, no quedaba otro lugar más que la cajuela, a la que nos subimos quitados de la pena pues ya que lo que nos interesaba era llegar de una buena vez por todas.
La reforestación que no alcancé.
Como era de esperarse, nos dieron casi la 1 p.m. y por supuesto ya no alcancé a participar en la siembra de árboles, pero después de haber pasado todas las anécdotas que les comparto, me di por satisfecha de haber logrado llegar.
Al apreciar el colorido, la belleza del espacio, el sin fin de actividades, la respuesta de la ciudadanía activa y participante, el show de aves rapaces, el tlalmanalli y los danzantes y ser el único medio de comunicación presente, llevándome así la exclusiva, cualquier tropiezo en el camino, había queda en el olvido.

Aquí la verdad es que confieso que mientras estuve perdida dentro del bosque, antes de encontrarme con Doña Paty y su nietecito, disfruté tener momentos de total soledad e intimidad con los árboles y toda la exuberante naturaleza, caminé por las veredas honestamente sin miedo alguno, porque la sensación de protección y abrigo que me dieron los árboles guardianes del bosque, era un bálsamo para el alma, con momentos de total silencio entre sus copas, solo el ruido del viento me refrescaba el rostro y el canto de las aves que me alegraban el corazón, sintiéndome como un ser privilegiado y hasta alado, que tenía a su entera disposición tanta inmensidad verde y belleza sin igual, dándome aliento para continuar.
Arranque de la cobertura y obtención de datos sorprendentes.
Entrando en acción, con la cámara colgada al cuello y que retrató todos los momentos de paz en el bosque y las anécdotas que les narro, la cobertura y búsqueda de la información, se activaron en mí de inmediato. Fue suficiente con presentarme frente al colectivo Tierra Amurallada que me invitó a la jornada, para de inmediato identificar a quienes podía entrevistar, como representantes de lxs actores clave de la maravillosa jornada de reforestación.
Un paréntesis por la grata sorpresa y admiración a la comunidad de Santa Rosa Xochiac.
Quiero y debo por respeto hacer un alto antes de continuar dado que para su servidora fue una grata sorpresa conocer a la comunidad de Santa Rosa Xochiac y sus acciones coordinadas en pro de la conservación de este paraíso boscoso. Su capacidad de organización y compromiso, son dignas de admirar y replicar, en todo el suelo de conservación de nuestro gran ecosistema urbano, al que llamamos Ciudad de México.
Tomando como fuente la información disponible en su perfil de Facebook, les cuento que la representación de la comunidad agraria de Santa Rosa Xochiac afirma que desde 2018, se han beneficiado con la implementación de políticas públicas en las cuales se reconoce la importancia de las zonas de montaña, conscientes de que “el futuro de la ciudad está en el equilibrio de sus bosques”. La comunidad menciona también, haber recibido no sólo apoyo técnico, sino además un importante respaldo a sus brigadistas con empleos dignos y obras de conservación.
Sépase que Santa Rosa Xochiac es orgullosamente de origen Tepaneca, una de las tribus nahuas que se estableció en la cuenca del valle de México antes de la llegada de los aztecas y como ellos mismos señalan, tienen “raíces vivas en la sierra”. Un muy interesante y buen dato histórico, revela que cuentan con “documentos desde 1621 otorgados por el marquesado del valle, que acreditan jurídicamente la posesión legítima del territorio”, por lo que se trata de una comunidad con “capacidad legal plena para conservar, restaurar y proteger su patrimonio ambiental y cultural”, según informan mediante una vídeo-columna disponible en el perfil mencionado.
De esa misma fuente se sabe que cuentan con 343 hectáreas de bosque comunitario. Aquí opera el vivero forestal donde afirman contar con unos 40.000 árboles nativos, que han sido cuidados desde sus semillas “con técnicas propias” y lo más bello de todo, “micorrizados con 27 especies locales de hongos”, dentro del mítico Centro de Educación Ambiental y Forestal de Santa Rosa Xochiac, mismo que sirve de base y orientación para las nuevas generaciones, con programas activos de educación ambiental.
Se sabe además que, gracias a la articulación entre la comunidad, el gobierno de la ciudad y de la alcaldía, las instituciones académicas-científicas y sociedad civil organizada, hoy gozan de acuerdos de cooperación mutua que derivan en múltiples proyectos tales como:
- Turismo de naturaleza en colaboración con la UAM – Unidad Cuajimalpa.
- Estudios sobre las vertientes de agua que cruzan su territorio con el respaldo del Instituto de Geología de nuestra máxima casa de estudio, la UNAM.
- Estudios acerca de los bosques de oyameles con la CONABIO.
- Implementación de proyectos de restauración eco sistémica con la CONAFOR.
La realidad es que el arraigo de sus pobladores y su firme convicción de que no es sólo se trata de plantar, sino de que sembrar significa también “defender el agua, el clima y la vida, sembrando con memoria y luchando con raíces”, esta comunidad es digna de todo mi respeto y admiración, derivando en el éxito de la jornada de reforestación.
¿Y quiénes fueron parte de la articulación de la 6ta jornada de reforestación?
Con carácter de exclusividad obtuve las declaraciones de algunos de los principales actores clave. Cerca de 20 organizaciones se coordinaron para desempeñar distintas tareas durante la jornada y dar atención a la ciudadanía que participó activamente en cada punto de la jornada.
La Alcaldía Álvaro Obregón, el Colectivo Tierra Amurallada, la Universidad Iberoamericana, son parte de las decenas de organizaciones e instituciones que se dieron cita en la 6ta jornada. Me topé inicialmente con la Unidad Táctica de Rescate, quienes forman parte del Plan DN III y de la Secretaría de Gobernación. Allí se mantuvieron alertas para dar atención como primer contacto de rescate, auxiliando y canalizando a algún centro médico si fuese necesario, pero todo transcurrió sin incidencia alguna, en total tranquilidad, tal como lo señaló el Teniente Coronel Miguel Alejandro Alvarado Domínguez.
Cabe señalar la importante donación de árboles e hidratación realizada por Cooperativa Pascual que, en voz del secretario de su consejo de administración Ricardo Sánchez Gallego, aseguró llevarse la satisfacción de la cooperativa, al participar en la conservación de los recursos naturales.
Frente a la importancia de los recursos forestales del área, mi inquietud latente era cómo se habían seleccionado las especies sembradas. Mis dudas quedaron aclaradas al platicar con el biólogo Javier Mendoza Mena, asesor técnico de la comunidad agraria de Santa Rosa Xochiac por parte de la SEDEMA y de la CORENADR, quien precisó que anualmente esta comisión dota a los núcleos agrarios del suelo de conservación con brigadas y asesorías técnicas, para actividades de restauración y reforestación, además de las labores de prevención, control y combate de incendios forestales.
El trabajo realizado en el vivero consiste en el cuidado de las semillas y geminados hasta que las plantas se encuentren en condiciones de trasplante, además del proceso de micorrizado, necesario para la labor de reforestación. Asimismo, el personal del vivero con su asesoría, define los polígonos a reforestar, cuántas y cuáles son las plantas que de la paleta vegetal del suelo de conservación se van a incorporar, lo que en esta zona corresponde al corredor biológico de Chichinautzin, con una paleta vegetal amplia, que incluye especies forestales, arbustivas y rasantes, para garantizar la estratificación de los bosques.
Casi al final, platicamos con Federico Arce, coordinador general de proyectos sustentables de la Alcaldía Álvaro Obregón, quien señaló que el proceso de reforestación experimentado, buscó que la alcaldía tenga acciones cada vez más concretas en temas de conservación y cuidados de los recursos naturales, incluyendo acciones para el mantenimiento de las barrancas, atendiendo el cambio climático y ver todos los recursos de la alcaldía como una integralidad. Agradecido con la respuesta ciudadana, en un escenario lleno de familias acompañados de muchas infancias, Arce señaló estar consciente de que no es fácil llegar al área, – si lo sabré yo –, por lo que se mostró muy satisfecho al ver cómo la gente cede su tiempo para participar en esta actividad, lo cual afirma, ayuda a fortalecer las acciones de la alcaldía.
Y a todas estas ¿cómo estuvo la reforestación en la que no estuve?
La fortuna me sonrió al contar con un muy cómodo regreso. Siempre es grato coincidir con otros ambientalistas y el buen Juan Manuel Ledón de EcoSite y ENLACE Ambiental, A. C., me hizo el enorme favor de traerme de regreso a la urbe. J. M. Ledón quien, si participó en la siembra, me compartió haber disfrutado mucho la jornada, además de “las interesantes actividades de recreativas, educativas y culturales”. Afirmó que “se podía sentir la armonía y reciprocidad de la vida con cada respiración” y agregó: “me encantó la amabilidad, el cuidado y la atenta asesoría de las y los brigadistas que acompañaron a cada participarte durante el proceso de selección y plantación de los arbolitos”.
Acompañando el cómodo regreso, también coincidí con Karla Yadira Bermúdez, representante del grupo interdisciplinario del Ciclo del Agua, que se reúne mensualmente en la Librería Amoxtli, comentó de manera similar que para ella fue una organización muy buena. Agregó que “el brigadista era también un guía que iba explicando sobre la flora y fauna del lugar”. En su opinión todo fluyó muy rápido y agregó que “estuvieron muy pendientes de quienes estaban en sus equipos”.
Pues bien, luego de este largo e intenso relato al mejor estilo de su servidora, resta mencionar que lo bien hecho siempre debe ser reconocido y difundido. Si existe articulación entre el sector gobierno, la sociedad civil organizada, las instituciones académicas y el sector empresarial, entonces los resultados que se obtienen son benéficos para todos, por el bien de nuestros ecosistemas y los servicios ambientales que nos brindan los bosques.
Fui testigo de esa buena articulación y palpé las evidencias de ello en esta jornada, así que felicidades a la comunidad de Santa Rosa Xochiac y al colectivo Tierra Amurallada por ser una muestra de que sí es posible conservar, restaurar y detonar una economía local, capaz apoyar a sus familias, con visión a futuro, por el bien de las siguientes generaciones.
Reconocer además la labor de la Alcaldía Álvaro Obregón es también importante y desde aquí ofrecemos mantenernos atentos a las acciones de conservación que realicen, pero sobre todo a dar seguimiento al cuidado de las plantas ya incorporadas al ecosistema.
Gracias a todas las personas, colectivos e instituciones que respaldaron esta cobertura especial de nuestra Iniciativa Con Sentido Verde. Estas son las historias que nos gusta contar y difundir y por eso somos un ecosistema de difusión con capacidad para conectar y micorrizar juntos.
Que vengan muchas más jornadas de reforestación ecosistémica, restaurando también la esperanza, a veces escasa para quienes en ocasiones la eco ansiedad ataca y la solastalgia somete.
¡Gracias por leer!

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